No hay serpientes en el jardín, 1992

"La instalación de Anna O’Cain, There Are No Snakes in the Garden (No hay serpientes en el jardín), gira en torno a dos retratos con varias imágenes de sus abuelos, Harold y Madge, acompañados por breves cintas de audio que contienen historias sobre su vida en Misisipi. La primera historia presenta el punto de vista monocultural de los Estados Unidos de habla inglesa, con la abuela que la regaña: “La tierra está viva, Anna, no hay serpientes en el jardín”. Pero Anna rechaza esta falsa inocencia. Ha visto a la serpiente, la línea que divide el jardín, y utiliza este conocimiento para examinar las contradicciones, las paradojas de su herencia sureña. La pieza presenta una serie de dualidades. Su abuela conservadora, fundamentalista, es el único miembro de la familia que le da un voto de confianza para que viaje al norte; su valiente abuelo, que le enseña a cazar y a pescar, se acobarda ante la integración. La obra sugiere que la madurez implica aprender a navegar por estas dualidades. En cuanto admite que el racismo está basado en el miedo, O’Cain comienza a deconstruir su yugo. Reconocer la vulnerabilidad de sus abuelos también le permite respetar su calidez y su apoyo. En lugar de cruzar la frontera hacia el norte para nunca volver, puede trabajar con las ambigüedades de su pasado. Si hubiera decidido simplemente repudiar su herencia sureña, habría mantenido la dicotomía entre Norte y Sur. En cambio, al situarse en medio de las dualidades, éstas comienzan a aflojar el yugo".

—Mancillas, Aida, et al. “Making Art, Making Citizens Citizens: Las Comadres and Postnational Aesthetics .” With Other Eyes Looking at Race and Gender in Visual Culture, University of Minnesota Press, 1999, pp. 124–125.

Curadores: Ernest Silva y Mark Quint
Sede: Galería de Arte de la Ciudad, Tijuana
Organizador: Installation Gallery